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Miércoles 8 de Febrero de 2012
 
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Del Mundo
 
Limpiar la sangre con excusas
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Cualquier cubano que conozca las noticias del ataque israelí contra la
Flotilla de la Libertad, reforzaría su carácter antimperialista, pues
la impunidad de estos halcones resulta harto familiar para los nacidos
en la Isla, sometida a un genocida bloqueo que se extiende a más de
cuatro décadas. .

Los intentos de un grupo de pacifistas por llevar un grupo de recursos
a Gaza, parécenme los mismos que, año tras año, emprenden familiares,Organizaciones no Gubernamentales (ONGs) y amigos de Cuba
en función de traer alimentos, medicinas y otros recursos a nuestro país.

No creo exagerar si escribo que a nadie más que a los cubanos de a pie
nos conmueve esta masacre, porque en la sangre de los muertos de la
Flota humanitaria va implícito un mensaje de colonización, de odio y de jactancia de quienes cometieron este acto de piratería y barbarie
catalogado por el jefe del Ejército sionista, como una operación
“sobresaliente”.

Incluso, si extrapolamos los términos “ilegal”, “despiadado” y
“genocida”,-tomados de la reciente Declaración de repudio del
Ministerio de Relaciones Exteriores cubano-, de sobra nos
identificamos, pues el bloqueo norteamericano hacia Cuba, a la usanza
del sionista, clasifica como un acto de genocidio, en virtud del inciso c del artículo II de la Convención de Ginebra de 1948 para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio.

Para el gobierno de Tel Aviv, los 500 activistas que viajaban a bordo
del “Mavi Marnara” eran terroristas. Así nos conciben a nosotros en la
lista de países patrocinadores. Así catalogan a los caravanistas de
los “Pastores por la Paz”, a los de la Brigada “Antonio Maceo” y a los
tantos norteamericanos que burlan el bloqueo para venir a ayudar a sus
vecinos de aquí abajo.

Israel “no tiene que pedir perdón por defenderse”, “esto es un conflicto bilateral” son algunas declaraciones de los sionistas, mientras sus amigos norteamericanos se limitan a comentar "seguimos muy preocupados" o "es un caso lamentable".

Así se ríen, juntos y otra vez, de la opinión pública internacional, de la Organización de Naciones Unidas y su cuestionado Consejo de
Seguridad, mientras los familiares lloran a sus muertos.

No queda dudas de que ellos son los imperiales, no importa la casaca
que lleven puesta, si estadounidenses o israelíes, si gringos o
sionistas, los dos disparan a quemarropa y asfixian despacio.

por: Luis Enrique Perdomo
 
 
 
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